El gran trovador argentino símbolo de la paz a muerto d la forma menos merecida, asesinado por unos sicarios luego de aber salido del hotel en la zona oeste de Ciudad de Guatemala, tras cumplir una presentación artística, y se dirigía al aeropuerto internacional La Aurora. El hecho ocurrió a alrededor de las 5:20 horas locales (11:20 GMT).
“Es un hecho lamentable, repudiable y vergonzoso para Guatemala, que una persona que le cantaba a la vida, al amor y a la paz, haya sido víctima de la violencia en nuestro país”, dijo el portavoz del gobierno guatemalteco, Ronaldo Robles.
El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, ha dicho que "está consternado por este hecho cobarde", informa Efe. Mientras tanto, el embajador de Argentina en Guatemala, Ernesto López, ha exigido a las autoridades locales el esclarecimiento inmediato del asesinato de su compatriota. Tres equipos de especialistas han sido asignados para trabajar en la investigación, según ha anunciado el presidente guatemalteco.
GRANDE FACUNDO:
Nacido en la ciudad bonaerense La Plata en 1937, Cabral se erigió como un auténtico bardo, sabio y cercano, que con composiciones sencillas dignificó la música de autor. Pasó una infancia muy difícil, marcada por la extrema pobreza y llena de infortunios como perder la voz durante unos años o el abandono de su padre, que obligó a su madre a criar a siete hijos sin apenas recursos.
Según contaba él mismo, se dedicó a la música tras conocer a Simón, un vagabundo que le recitó el Sermón de la Montaña y le demostró la existencia de Dios. Esta experiencia fue lo suficientemente mística cómo para llevarle a coger una guitarra y componer Vuele bajo.
Formado en la escuela de la calle, Cabral se dejó empapar en los cincuenta por el bello caudal del folk argentino. De esta forma, admiró y aprendió de maestros como Atahualpa Yupanqui y José Larralde. De ellos aprendió a dar un acento espiritual a su poesía callejera, cargada de crítica social e inquietudes existenciales. Durante un tiempo grabó como el Indio Gasparino, pero su primer gran éxito llegó como Facundo Cabral. En 1970, publicó No soy de aquí, ni soy de allá, que le permitió compartir escenarios con Alberto Cortez, Julio Iglesias, Pedro Vargas y Neil Diamond, entre otros. Otras canciones con gran acogida fueron No estás deprimido, estás distraído o Cantar sólo cantar.
Era un artista de reconocido prestigio cuando decidió exiliarse a México por la dictadura militar que gobernó Argentina. A la vuelta a su país, en 1984, no dejó de peregrinar mientras grabó varios discos y dio centenares de actuaciones por todo el continente. Con 74 años, Cabral se encontraba estos días haciendo su última gira, según sus propias palabras, para retirarse a su país. Declarado Mensajero Mundial de la Paz por la UNESCO, nadie esperaba este final tan trágico para él. Toda muerte es dolorosa pero duele más cuando es trágica e injusta. Latinoamérica y el mundo de la música le lloran.
Con su guitarra y gafas de sol, Cabral, pozo de sabiduría que acudía a los mensajes de Jesucristo y se inspiró en Gandhi o Walt Whitman, decía: "Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor". Queda claro que los matones que le dispararon vilmente nunca le escucharon. La mayor lacra de Latinoamérica le ha matado sin piedad y, de alguna forma, nos han dejado heridos a los demás.

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